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Almacén tradicional de Olives GARCÍA de aceitunas con olivar valenciano al fondo al atardecer

145 años de tradición olivarera en Benigànim

En un pequeño pueblo de la comarca de La Vall d’Albaida, en la provincia de Valencia, una misma familia lleva desde 1881 dedicada al mismo oficio: transformar la aceituna del campo en un producto de referencia gastronómica. Esa familia es la familia García, y su legado es hoy Olives García, S.A., una compañía que suma ya 145 años de historia y que ha atravesado cinco generaciones sin perder nunca su esencia artesanal.

Este artículo recorre la trayectoria completa de la marca, desde sus orígenes humildes como venta ambulante de aceituna hasta la empresa industrial moderna que es hoy, con más de 4.000 metros cuadrados de instalaciones y presencia en mercados nacionales e internacionales.

 

El origen: Juan Bautista García Vaño y la venta ambulante

La historia de Olives García comienza en 1881 de la mano de Juan Bautista García Vaño, un hombre de campo que empezó vendiendo las aceitunas que él mismo cosechaba. En aquellos años, la actividad se limitaba a la venta directa del fruto recién recolectado, sin ningún tipo de procesado industrial: era el trabajo de un agricultor que, además de cultivar, comercializaba su propia cosecha en los mercados locales de la Valencia rural del siglo XIX.

Esta primera etapa fundacional es la que hoy permite a la marca reivindicar unos orígenes artesanales y ligados a la tierra, un activo de marca que pocas empresas del sector pueden acreditar con la misma antigüedad documentada.

 

Segunda generación: expansión territorial de la venta

El testigo pasó después a su hijo, Juan Bautista García Sanz, quien continuó con la venta de aceitunas ampliando el radio de acción del negocio familiar a otras localidades de la comarca. Este paso, aparentemente modesto, resultó decisivo: transformó un negocio de subsistencia local en una actividad comercial con proyección territorial, sentando las bases de lo que más adelante se convertiría en una verdadera empresa de distribución.

 

Tercera generación: nace el almacén propio y la producción industrial

El salto cualitativo más importante en la historia de la compañía llegó con la tercera generación, encabezada por Juan García Llopis. Bajo su dirección, Olives García adquirió su propio almacén dedicado a la producción de aceitunas y encurtidos, ampliando el negocio a nuevos canales de venta y dejando atrás definitivamente el modelo de simple revendedor de cosecha. Este momento marca la transición de la familia García de comerciantes de producto agrícola a auténticos elaboradores industriales, con instalaciones propias de procesado.

Este hito resulta especialmente relevante desde una perspectiva de tecnología alimentaria: contar con instalaciones propias permitió a la familia empezar a controlar directamente los procesos de curado y encurtido de sus aceitunas, en lugar de depender de terceros, sentando las bases de la cultura de calidad que la marca mantiene en la actualidad.

 

Cuarta generación: apuesta por la gastronomía y la calidad

Con la llegada de la cuarta generación, la empresa consolidó un compromiso explícito con el desarrollo de productos de elevado nivel gastronómico, cuidada calidad y adaptación constante a las necesidades y tendencias del mercado. Fue en esta etapa cuando la marca empezó a posicionarse activamente como una firma de referencia en la Comunidad Valenciana, superando el ámbito puramente local y ganando visibilidad en un mercado cada vez más competitivo.

Esta generación fue también la responsable de sentar las bases estratégicas de diversificación que darían lugar, años más tarde, al lanzamiento de nuevas marcas propias dentro del grupo.

 

Quinta generación: tecnología, diversificación y proyección internacional

Hoy, la quinta generación de la familia García está al frente del negocio, combinando la experiencia acumulada durante más de 140 años con la incorporación de las últimas tecnologías en control de calidad, envasado y distribución. La compañía cuenta actualmente con un equipo joven, cualificado y comprometido, en el que predominan el trabajo en equipo y el esfuerzo continuo por ofrecer un servicio de atención al cliente cuidado.

Bajo esta generación, la marca dio un paso estratégico clave en 2017 con el lanzamiento de La Sénia, su segunda marca propia, concebida específicamente para abrir camino hacia nuevos mercados más allá del catálogo tradicional de Olives García. A esta se suma también García Gourmet, otra línea propia que amplía el porfolio con presentaciones de aceitunas como Partida, Sabor Anchoa, Cóctel, Gazpachera y Mojo Picón, entre otras variedades.

Las instalaciones actuales, ubicadas en la Avenida Pintor Gomar de Benigànim, superan los 4.000 metros cuadrados distribuidos en distintas áreas especializadas de producción, almacenaje y expedición, reflejo de la escala industrial que la compañía ha alcanzado sin renunciar a sus raíces artesanales. La empresa, constituida jurídicamente como Sociedad Anónima en 1984 (formalizando una actividad familiar que ya venía de un siglo atrás), mantiene su sede social en la misma localidad donde todo comenzó.

 

Un legado que sostiene la propuesta de valor actual

La trayectoria de Olives García ilustra un patrón poco frecuente en el sector agroalimentario español: la continuidad ininterrumpida de una misma familia al frente de un negocio durante 145 años, atravesando la industrialización del siglo XX y la digitalización del XXI sin perder el control ni la identidad familiar del proyecto. Esta continuidad no es solo un argumento narrativo para el marketing de marca, sino una garantía tangible de conocimiento acumulado sobre el producto, las variedades de aceituna de la zona y los procesos de elaboración que solo se adquiere con generaciones de práctica directa.

Actualmente, la combinación de esa herencia con inversión en tecnología de control de calidad, envasado y distribución permite a Olives García presentarse ante clientes de hostelería y distribución como una marca que ofrece, al mismo tiempo, la trazabilidad y el saber hacer de un producto tradicional y la fiabilidad operativa de una industria moderna.